«tu mesmo enclina la tu cabeça de·la tu soberujosa voluntad que ansi es señora como la cabeça enseñorea a los otros mienbros. abaxa la e sey vmillado so la potente mano de Dios. Ca çiertamente la dignidat jnfinida d·el requiere que el onbre alcançe toda verguença en aquesta parte. Por ende de gran meresçimjento es obedesçer a los mandamjentos de su mayor en Dios e por Dios. e someter·»