«la tierra. Llamo por·ende a grandes vozes: porque con gran dificultad se lleuanta el que es apremiado de·la grauedad de·los malos costumbres. Guardemos pues, o fijos de Dios y hermanos carissimos de euacuar en nosotros la gracia: menospreciando las lagrimas de nuestro maestro Jesu: mas por sentir el effecto de aquellas: lloremos nuestros pecados, y quitemos del sepulcro de nuestras consciencias la dureza del proposito de pecar: porque»