«sangre bendita. y tu, o pecador tierra y ceniza, ahun ensoberbesces, ahun te commueue y irrita la impaciencia? buelue te algun poquito a mirar el spejo de·la mansedumbre y humildad, contempla alguna vez el fazedor de todas las cosas, espantoso juez de·los viuos y de·los muertos: puesto de rodillas ante los pies del reprouado apostata, y deprende del que muy mansueto es y humilde de coraçon. Supiendo pues»