«alexo de sus seruidores quanto vn tiro de piedra. O glorioso Jesu, y como se guardan hoy tus enxemplos? o con quanta reuerencia y atencion se siguen tus actos? No hay ya quien como tu ore de noche en secreto, como lo rezaua Dauid: a media noche me lleuantaua señor por te confessar mis pecados: y por recaudar tu merced. No hay quien se aparte a orar como tu, sin empacho.»