«que la razon juzgasse: mas pudo tanto en·ellos la ciega malicia, que sin orden condenaron a muerte, al que por muy llano testigo de boca y de obras, pudieran hauer conoscido por dios. O abominables sacrilegos: como podistes ser tan ingratos, de condenar a muerte, el que siendo vida de quantos biuen: vino por reparar vuestra vida? O quanto fuera mas sano consejo, que vos acordara de lo que con»