«subieron por desenclauar le las manos: y sosteniendo el amado discipulo el peso del cuerpo: la piadosa madre llegando a ella aquellas reuerendissimas manos que hauian formado los cielos y la tierra: besaua las y adoraua las: refrescando las llagas d·ellas con lagrimas de maternal dolor y tormento: diziendo. O fijo mio carissimo, receptaculo de·la sanctissima Trinidad: quanto no fuera cosa mas digna, que cerraras tu los ojos de»