«manos de sus enemigos, maltratado, açotado, crucificado: nunca en su muerte pude socorrer a su set: y en fin viendo le morir: no tuue donde pudiesse reclinar la cabeça. Recibio·lo pues la manzillada y desconsolada señora en sus manos: y ayuntando su rostro con·el de su hijo, perdio los sentidos. Quien podria escreuir los entrañables lloros de·la Madalena: la qual besando con obediencia reuerendissima los pies de su»